7 Años

Por Alt1040, por @earcos, siento ese respeto, esa admiración y esa gratitud íntima, profunda, fundacional, que a veces uno siente pudor de airear en público por miedo a que se tilde de fanboy. La realidad es que es algo mucho mas sereno y menos mitómano, pero seguramente más difícil de explicar y de hacer comprender a quién no ha andado tu mismo camino, a quién no estaba allí, en esa curva, en el día en que se produce uno de esos terremotos intangibles en los que – por enésima vez – todo cambia para siempre.

Yo crecí en una casa atestada de libros. Seguramente por eso, y porque fui siempre un niño sereno por fuera al que la inquietud le vivía dentro y le asomaba por los ojos, mi abuela me enseño a leer con dos años escasos. Desde entonces no hay ninguna actividad, quizá ni dormir siquiera, que me haya tomado más tiempo ni haya llenado mas mi vida. Siempre tuve a mi alcance a los mejores: London, Verne, Flaubert, Proust, Salinger, Dante, Sartre, Valery, Melville, Bierce, Mann…y si no estaba y a mi me llamaba la atención, aunque no hubiera dinero para ropa nueva, para ir de vacaciones, para comodidades, en mi casa siempre había como conseguir dinero con que comprarme un libro. Si hay algo que tengo que agradecer a mis padres, es poner siempre los medios necesarios para ese alimento y convencerme desde muy pequeño de que no hay nunca en esta vida ningún libro que te quede grande. Cada página, cada tomo consumido, era uno de esos terremotos intangibles, era una iluminación que disfrutar a solas, un tesoro que sentirse afortunado de haber desenterrado. Algo pequeño pero inmensamente gozoso.

Como todo lector, en cierto momento necesité construir yo con mis manos. Mejor o peor, empecé a escribir y a encontrar a otros que escribían. No procede hablar aquí sobre hacia donde fué o no mi trayectoria, que cosas buenas encontré por el camino. Está de mas lamentar los fracasos y aun es más sobrante hablar de los éxitos – si los hubo. Pero en la barrera de la profesionalidad, topé con la misma piedra con la que siempre me pelaba las rodillas en el colegio. Con lo mismo que siempre me mantuvo tan lejos de la gente: ese espíritu insano de competencia, esa mala encarnación del ego. No me entiendan mal: hay una cierta vanidad, una cierta clase de egolatría, que no resulta insana en absoluto, que suele ser divertida y que en muchas ocasiones es responsable de que avance el mundo. El problema no es sentirse grande -por mas que pueda resultar fatuo-, es esa necesidad moderna de sentirse más grande que nadie y encontrar placer en ver al resto como desde un globo, como hormiguitas a las que escupir desde lo alto. Recuerdo que muchos de mis mayores me llamaban vehemente como si fuera algo malo. Y a mí lo que me dolía no era la vehemencia en los demás: era que ellos no disfrutaran tanto como yo lo hacía por ejemplo con mi buen amigo Álvaro, teniendo discusiones tremebundas que nos dejaban agotados, pero llenos de risa y satisfacción y ansía de aprender algo nuevo sobre lo que volver a discutir. Deberías dedicarte más a las cosas realmente importantes, me decían. Yo pensaba, joder, si ya lo hago.

Así que en vista de que lo importante no era escribir, no era pensar, no era sentir, ni construir, ni compartir, sino hacerse hueco, conseguir el contacto, terminar el poemario, buscar quien te de el premio, editar, ser algo, salí corriendo en dirección contraria como el cobarde que soy, a mucha honra. No sé si fue la postadolescencia, o un ataque inoportuno de estulticia, o mi progresiva politización que después se convertió en socialización, o la SGAE, o el señor Bigotes, o el cinefilo que hay en mí y al que le dió por las películas de los setenta, pero no tuve mejor idea que ponerme a estudiar periodismo. Empezar y pasar del asco al bostezo, y del bostezo al asco, fueron uno. No podía entender que había sido de un oficio que en algún momento de su vida habían ejercido muchos de los autores que me habían retorcido el espinazo desde niño. Una tarde de facultad, una chica de la que me enamoré instantáneamente y a la que no volví a encontrar por la facultad nunca, se dejo olvidada una libreta chiquita encima de la mesa. Estaba casi toda en blanco, salvo la primera página, en la que bajo el preciosamente caligrafiado título “weblogs” estaban las URLs de Alt1040, Minid y Minoe. Como el tercer vicio al que me abandonaba era el informático y por aquel entonces ya había tenido la ocasión de pensar que los foros salvarían al mundo para posteriormente sentirme tremendamente decepcionado, corrí a la sala de ordenadores de la facultad. Recuerdo perfectamente que a quién primero leí, fue a Eduardo. Y entonces hubo uno de esos terremotos intangibles, una de esas iluminaciones. Era casi como haber encontrado a un hermano gemelo, uno de esos que en realidad no se parecen a ti, porque tienen mas desparpajo, mas arrojo y mas empuje que tu; de esos que no te hacen ni puto caso pero a tí te da igual porque tampoco es que hagas nada para que te lo haga, ni en realidad te hace falta; de esos a los que miras de lejos, y de los que puedes aprender, porque tienen la generosidad de compartir sus aciertos y la valentía necesaria como para cagarla miserablemente delante de todo el mundo y seguir hacia adelante así, como si nada.

Con Minid aprendí muchas habilidades técnicas que me hicieron dejar la carrera y que un poco han determinado mi trabajo. De Zom me enamoré irremediablemente. Pero con Eduardo Arcos y con Alt1040 he crecido cada día de mi vida desde entonces. Por Alt1040 entendí lo que era un blog, me reafirmé en las bondades de la subjetividad y las maldades de esa falsa objetividad tan abundante en el periodismo, que soló es esclava de la estupidez, de la codicia y, en el mejor de los casos, de esa negra ponzoña que se llama corrección politica. Con Alt1040 y contigo Eduardo, he vivido el cambio de paradigma de los medios, he visto renacer el periodismo ciudadano. Gracias a los primeros pasos que he dado a través vuestro he podido desintoxicarme poco a poco cada día del zumbido en el que aún vive tanta gente, sacarme de encima la actualidad mal entendida. Muchos de los momentos más importantes de la historia política y social reciente, los he vivido mejor, con más intensidad y más rápido, gracias a Alt1040 y a todos los blogs que se han ido abriendo a mis ojos después de este. Gracias a ese terremoto, a esa iluminación, yo ya no acudo a un periódico, a una televisión si no es Via un post en algún lado. Es en gran parte por vosotros que ahora soy otro indivíduo, otro algo

De lector a lector, de escribiente a escritor, de zero-blogger a A-lister, de curioso a curioso y de inquieto a inquieto, felicidades a Alt1040 y a su equipo. Y de todo corazón, muchas gracias, Eduardo.

Auf Wiedersehen

Mario apura el vaso y se levanta. “Olvídense”, dice agitando la mano. Y con su perfecto alemán, se marcha.

Dear Barack,

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this is the responsibility, the ethical legacy, the compromise you acquire when you offer the whole world a message of hope. I know you´ve always known it. Be loyal to this, be honest. Think about every step you make without selling for cheap what you believe has to be done (or at least what you have told us you belive we all have to do). This is the first time I care. And will be the only. This is the first time I believe. And will be the last one.

Foto AP Press / Via: The Big Picture

6 Millones de Natillas

danone

En éste interesante artículo de Vicente Boix podrás comprobar que a Danone sólo le cuesta 14 horas tomar por los gilipollas que somos a todos sus consumidores. A mí, que con frecuencia me cuesta digerir el incesante tsunami via email de artículos de corte chupiguay-jipichurri-conspiranoide sobre malvadas megacorporaciones – que lo son todas, no te digo que no-, me ha entrado un espasmo de risa nerviosa al leer este excelente cálculo del índice de calidad moral de una transnacional: un 0´0013%. Eso los que donan algo. Imagínate los que se lo guardan.

Enlace: El compromiso Danone / Vía Libro de Notas

(Todos los derechos del logo de Danone son propiedad de Danone, y yo me los he pasado ampliamente por el forro de los Illustrators).

Another milestone reached

Macenstein es seguramente el blog de tecnología que me llevaría a una isla desierta. De acuerdo en que generalmente se ocupa de un nicho muy reducido en el mundo del cacharro. De acuerdo en que ni siquiera trata ese nicho de mercado con un atisbo de inmediatez o de rigor. Pero hay veces en que merece la pena haberse dado una noche para decir algo,  por mucho que el lector promedio se empeñe en vender el amazonas por un puñado de avalorios brillantes. Pero es que el Dr. Macenstein es como si Capote hubiera escogido como divertimento frívolo el escribir una columna nerd en la revista Wired, en vez de haber sido el cronista de las estrellas de un Hollywood mucho mejor que el que viviremos nunca.

Este articulo sobre el estado del ecosistema de programacion de aplicaciones para el iphone podría perfectamente estar en los favoritos de John Gruber y en los del friki catetillo de mi bloque. Superb!


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