General
Hola y adiós
el 25, may 2012 | Ningún comentario | En General, Lecturas | por elephantgun
Yo no sé, después de tanto tiempo, para qué creamos cosas. No sé medir su importancia en una escala que sirva para todos, pero tampoco es esa agnosia algo que me persiga por las calles o me espere escondida en el armario para darme caza mientras duermo. ¿Por qué tendría que saberlo yo, precisamente, cuando toda una especie ha fallado tan estrepitósamente haciéndolo que ha terminado por intentar medir exactamente eso con dinero? Me deshago perezoso e indolente de esa responsabilidad, ante un fracaso general tan burdo y torticero. No sé tampoco el por qué las creamos, y me aburren soberanamente las explicaciones ya sean demiúrgicas, bioquímicas o marxistas sobre esto. Sé, simplemente, que a veces lo hacemos. O que siento que lo hacemos y ese acto sencillo la mayor parte de las veces tiene el inmensurable efecto de conmovernos. A muchos o a mí solo, desde mi corazón no tiene ningún valor medir tampoco eso.
Hay muchas formas de hacerlo y no seré yo tampoco el que venga aquí a contar cuales sirven y cuales no, cual es el itinerario a seguir porque no se trata nunca de eso. Yo vengo hoy aquí a repetir algo que, seguramente, ya se ha dicho muchas veces antes que hoy, de maneras mucho más elaboradas o correctas o sintéticas o ciertas o universalmente válidas. Pero, si fuera una obviedad, valdría la pena repetirla las veces que sea necesario y conviene afirmarlas ante cualquier manifestación de este hecho, a ser posible con el destinatario determinado a quién se debe agradecer ese momento. Porque, aunque nos educamos todos los días para pensar que no, que es barroco y accesorio y hasta ridículo decirnos esto, lo cierto es que es tremendamente importante, y lo verdaderamente absurdo es inventar un sistema mucho más complicado que la simple interpelación directa para hacerlo.
A veces, seguro que Laura y Carmen Pacheco ya lo saben, creamos cosas que parecen pequeñas o no especialmente relevantes de acuerdo a nuestro criterio disparatado sobre la importancia de las cosas. Nos parecen eso porque las creamos sin pretensión, porque son cosas sencillas o, simplemente, porque no creemos que sean suficientemente complicadas o nuevas. Y algunas veces, cuando creamos esas cosas tan sencillas, tan pequeñas que muchos parecen no oír en ellas nada más grande que el silencio, creamos en otros oídos un verdadero, gentil, hermoso estruendo. Tal vez no son, por sí mismas, un grito en las calles, ni un cambio de juego ni algo que a un nivel universal contenga los ingredientes necesarios para ser recordado siempre. O sí, pero ya digo que yo no me ocupo de eso, ese no es mi departamento. Pregunte en la segunda planta, compruebe si ha traído todos los impresos.
No por eso tiene menos valor, merece menos espacio, ni debe quedarse en el silencio. El diez de mayo Laura Pacheco, o Carmen y Laura Pacheco, publicaron en un suplemento de moda del diario El Pais, estas cuatro viñetas. Y a mi se me paró todo. Y hubo un terremoto pequeño. Y ese estruendo hizo el silencio.
Como el que se hizo, por no ampliar mucho la lista de destinatarios que sirven a este concepto como ejemplo, el día que leí este post de la mayor de las hermanas o cada vez que leí este libro de Álvaro. Y no se si Laura y Carmen lo saben, y no me importa qué les parezca si ahora se lo cuento. Pero si me importa, creo que es muy importante, que sepan que por más que pueda etiquetarse de irrelevante según desde qué perspectiva se discuta este suceso, ellas lo han hecho. Este estruendo, esta conmoción, al menos conmigo ellas lo han hecho. Y más de una vez, aunque esta sea la que haya desencadenado el ejemplo. Que sepan que esa cosa sencilla, sintética, ha sido durante un minuto lo más importante o conmovedor, lo único. Que no es la primera vez que lo hacen y a lo mejor tampoco la última, que se lo agradezco muchísimo, que es muy importante que ocurra. Aunque no sea más que eso. Aunque nos olvidemos todos de aquí a un minuto y veinte segundos. Pero que quede dicho, como yo quede inmóvil y tormenta al mismo tiempo al leerlo. Y que nunca me puse a escribir algo sobre lo mucho que me gustó su Let´s Pacheco: una semana en familia. Pero sirva esto.
Pensará usted (que dicho sea de paso, no sé como ha llegado aquí ni que demonios hace con su vida y con su tiempo) que menuda hipérbole, vaya pérdida de energía. Qué exageración emocional necesitar escribir esto. Igual Laura y Carmen le dan la razón, yo qué quiere que le diga. Pero no hagamos las cosas mas grandes de lo que son, piense en estas lineas como lo que son: algo pequeño. Algo minúsculo, irrelevante y que, precisamente por eso, para mi es importante decir. Me pasa todos los días y cada día en manos de otro yo me lo encuentro. ¿No le pasa a usted también? Pues mire, ya lo siento.


















Enviar un comentario